Este artículo explora el impacto cognitivo y mental de las decisiones no tomadas. Lejos de ser neutra, la postergación decisional genera carga cognitiva sostenida, fragmenta el foco y produce un desgaste que muchas veces se confunde con cansancio físico. Desde una perspectiva de claridad ejecutiva, se analiza por qué no decidir también es una forma de decidir y cómo el cierre consciente de decisiones libera atención, energía y criterio en contextos de alta exigencia.