Damián | Interlocutor de Criterio.

Un espacio para escucharte, pensar una situación y ver qué sí podés hacer desde donde estás.

A veces lo más difícil ocurre antes de que empiece.

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Después de una publicación sobre lo que nos ocurre cuando sabemos que vamos a estar expuestos frente a otros, recibí una respuesta que me hizo detenerme.

La persona me decía, en síntesis:

No me pongo nerviosa cuando empieza la presentación.

No me quedo en blanco.

No me sudan las manos.

Cuando llega el momento, estoy tranquila y cómoda.

Lo que más me cuesta es la espera.

La noche anterior y durante las horas previas repite una y otra vez aquello que quiere decir.

Después llega el momento.

Y puede hacerlo.

Su respuesta me pareció especialmente interesante porque amplía la pregunta.

Quizás no todo lo que nos ocurre frente a una situación de exposición sucede cuando finalmente estamos frente a otros.

A veces empieza mucho antes.

La exposición puede comenzar antes de que haya una audiencia.

Pensamos en una entrevista y solemos imaginar el momento en que comienza la conversación.

Pensamos en una presentación y vemos a la persona frente al público.

Pensamos en una evaluación y nos concentramos en la pregunta que habrá que responder.

Pero para quien va a atravesar esa situación, la experiencia puede haber comenzado varias horas antes.

La noche anterior.

Mientras viaja.

Mientras espera que llegue su turno.

Mientras revisa mentalmente qué va a decir.

Mientras imagina posibles preguntas.

Mientras repasa una introducción por quinta, décima o vigésima vez.

Todavía nadie está mirando.

Pero la situación ya está presente.

Prepararse y tratar de asegurarse algo no siempre son lo mismo.

Repetir puede ser útil.

Ensayar puede ayudar.

Ordenar ideas antes de una presentación tiene sentido.

El punto no está en dejar de prepararnos.

La pregunta aparece cuando intentamos reconocer qué función empieza a cumplir esa preparación.

¿Estoy ensayando para conocer mejor mi mensaje?

¿Estoy tratando de recordar una estructura?

¿Estoy practicando una respuesta?

¿O estoy repitiendo porque necesito sentir que nada puede salirse de aquello que imaginé?

La conducta puede ser la misma.

Repetir.

Pero el propósito puede ser muy diferente.

Y distinguirlo importa.

Porque prepararnos puede ampliar nuestros recursos.

Intentar asegurarnos de que todo ocurra exactamente como lo pensamos puede llevarnos a una tarea imposible.

La espera tiene sus propias preguntas.

Hay algo particular en las horas anteriores a una situación importante.

Todavía no podemos actuar sobre aquello que va a ocurrir.

La entrevista no comenzó.

La audiencia todavía no llegó.

La pregunta todavía no fue formulada.

El encuentro aún no empezó.

Y sin embargo nuestra cabeza puede empezar a responder preguntas que todavía nadie hizo.

Imaginamos escenarios.

Ensayamos conversaciones.

Construimos respuestas.

Revisamos detalles.

Volvemos al principio.

Hay momentos en los que esa anticipación nos ayuda a prepararnos.

Y hay otros en los que podemos quedar atrapados intentando resolver anticipadamente una situación que todavía no existe.

Tal vez allí aparezca una pregunta útil:

¿Qué estoy intentando asegurar durante esta espera?

Repetir puede darnos estructura. También puede convertirse en una búsqueda de control.

Una persona puede repetir su presentación para recordar una secuencia.

Eso puede ser perfectamente funcional.

Pero también puede empezar a repetir porque teme perder una palabra.

Después repite para asegurarse de no olvidar otra.

Luego quiere recordar exactamente cómo va a comenzar.

Y cómo va a cerrar.

Y qué responderá si alguien pregunta algo determinado.

Y qué hará si aparece otra pregunta.

Hasta que la preparación deja de estar al servicio de la situación y empieza a intentar controlar todas sus posibilidades.

El problema es que una situación real siempre tendrá algo que no ensayamos.

Una mirada.

Una interrupción.

Una pregunta inesperada.

Un cambio de tiempo.

Una reacción que no imaginábamos.

Prepararse importa.

Pero estar preparado no significa haber anticipado todo.

También podemos observar qué ocurre cuando finalmente empieza.

La respuesta que recibí tenía otra parte muy interesante.

Cuando llega “el momento de la verdad”, decía, está tranquila.

Eso también merece ser observado.

¿Qué cambia entre la espera y el comienzo?

Tal vez mientras espera todavía existen decenas de escenarios posibles.

Cuando la situación empieza, en cambio, aparece algo concreto.

Una persona.

Una pregunta.

Una primera frase.

Un contexto real.

Ya no necesita responder a todo lo que podría ocurrir.

Puede empezar a responder a lo que efectivamente está ocurriendo.

Esa diferencia puede enseñarnos bastante sobre nuestra propia manera de prepararnos.

Porque quizás aquello que más necesitamos trabajar no esté en nuestra capacidad para desempeñarnos frente a otros.

Puede estar en cómo atravesamos el tiempo previo.

Una buena preparación también necesita un punto de cierre.

Podemos seguir preparando indefinidamente.

Siempre habrá una frase que revisar.

Una respuesta que perfeccionar.

Una posibilidad nueva que imaginar.

Por eso quizá una preparación útil también necesite una decisión:

Hasta acá preparo.

A partir de acá, algunas cosas tendrán que resolverse en situación.

No porque dejemos de tomarnos en serio lo que vamos a hacer.

Sino porque reconocemos un límite.

Hay una parte que podemos preparar.

Y hay otra que solo aparecerá cuando estemos ahí.

Esta distinción forma parte de una presencia más flexible.

¿Qué podríamos observar durante la espera?

Antes de una próxima situación de exposición, puede ser interesante registrar algunas cosas.

¿En qué momento empiezo a pensar en aquello que va a ocurrir?

¿Qué repito?

¿Cuántas veces?

¿Qué temo olvidar?

¿Qué intento evitar?

¿Qué creo que debería poder controlar?

¿Qué cambia cuando finalmente empieza la situación?

No para juzgar nuestra manera de prepararnos.

Para conocerla.

Porque quizás descubramos que aquello que llamábamos “nervios frente a una presentación” ocurre, en realidad, doce horas antes.

O que nuestra dificultad no está en responder.

Está en dejar de preparar la respuesta.

La presencia también empieza antes.

Cuando hablamos de presencia solemos pensar en postura, mirada, voz, palabras o capacidad de respuesta.

Pero también hay presencia en la manera en que llegamos a una situación.

En cómo nos preparamos.

En qué intentamos controlar.

En cuándo decidimos dejar de ensayar.

En nuestra capacidad para reconocer que ya hicimos lo que estaba disponible hacer antes del encuentro.

Y después permitir que la situación real aparezca.

Tal vez entonces la pregunta no sea solamente:

¿Qué me pasa cuando estoy frente a otros?

Podemos agregar otra:

¿Qué me pasa mientras espero ese momento?

Porque a veces el mayor trabajo no está en subir al escenario.

Está en atravesar todo lo que ocurre antes de llegar hasta ahí.

¿Qué cambia ahora?


Guía gratuita para atravesar la espera.

Antes de que empiece. Una guía breve para trabajar qué hacés con la espera antes de una situación de exposición.

Incluye preguntas de autoobservación, una distinción entre ensayar y buscar garantías, un criterio de cierre para la preparación y una práctica para pasar de lo imaginado a lo que efectivamente está ocurriendo.

Para seguir esta conversación en vivo.

El martes 27 de octubre, de 15:00 a 16:00 h, voy a realizar el webinar gratuito “Tu presencia empieza antes de la primera palabra.”

Vamos a trabajar qué ocurre cuando tenemos que expresarnos frente a otras personas, cómo intervienen el cuerpo, la atención y las pausas, y qué podemos hacer cuando aparece algo que no esperábamos.

Online · En vivo · Participación gratuita con inscripción previa.


Si necesitás un recorrido de mayor profundidad.

También podés conocer Presencia Pública y Criterio Emocional bajo Exposición, la capacitación específica en la que trabajamos estos recursos mediante práctica, simulaciones y devolución.


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